Sutoku, el emperador maldito

Japón es un país que ha tenido emperadores desde el inicio del universo y cuya sangre procede de los dioses de la creación, o al menos eso nos indica el libro de historia más antiguo del país, el Kojiki. Aunque sus orígenes son mitológicos remontándose a Jinmu que reinó desde el año 660 a.e.c., lo que es seguro es que desde el año 270, el primer emperador del que se tienen evidencias históricas fue Ōjin, el decimoquinto de la lista. El linaje imperial no ha parado desde entonces y sigue activo en la actualidad.

Puede que una figura tan solemne como la del emperador nos cause una imagen de distinción y elegancia, pero Japón ha sido siempre un lugar lleno de leyendas oscuras y terrorificas y ni el linaje imperial se salva de ellas. La persona de la que vamos a hablar hoy es el 75.º emperador Sutoku.

La vida de Sutoku

Retrato del emperador Sutoku, obra de Fujiwara no Tamenobu hecha en el siglo XIV.

Conocido desde su nacimiento como príncipe Akihito, nació el año 1119 y era el primer hijo del emperador Toba (74.º) y su consorte; Fujiwara no Tamako. Cuando tenia apenas cinco años de edad, su padre abdicó por orden de su abuelo, el 72.º emperador Shirakawa y eso puso al pequeño príncipe en el trono de crisantemo. Toba estaba furioso con esa situación mientras que Shirakawa controlaba a su nieto y por ello a Japón desde las sombras. Esta situación se mantuvo asi hasta la muerte del abuelo, 15 años después.

Toba ocupó el puesto de emperador enclaustrado que Shirakawa dejó y puso a su noveno hijo, el príncipe Narihito como hijo adoptivo de Sutoku. El plan estaba claro, Toba pensaba usar a su hijo Narihito para manipularle y gobernar desde las sombras como su padre hizo con Sutoku, que tras una abdicación obligada por Toba, no podía hacer nada. Por desgracia, el destino hizo que el príncipe, (ya en el trono bajo en nombre de emperador Konoe) fuera un niño muy enfermizo y perdió la vida con apenas 16 años (y habiendo gobernado como el 76.º emperador desde 1142 hasta el 1155).

Sutoku entonces planeó poner a su propio hijo como emperador, pero las traiciones no habian acabado y comenzó a correr el rumor de que Sutoku habia maldecido a Konoe, por lo que Toba bloqueó a su primogenito para poner en el trono a otro de sus hijos, el principe Masahito, conocido luego como el 77.º emperador Go-Shirakawa. Eso fue suficiente para que Sutoku, cansado de su familia iniciara un golpe de estado.

Hoy en día se conoce a esa revuelta como rebelión de Hōgen y comenzó con el fallecimiento de Toba en 1156, a los 53 años de edad. El 28 de Julio los ejercitos de ambos bandos se encararon el Kioto y la noche del 29 incendiaron el palacio de Sutoku, perdiendo rápidamente la batalla contra su hermano que lo desterró a una isla remota de Shikoku.

Exiliado de su provincia, Sutoku entró en un monasterio de Takaya, donde durante años estudió y consiguió una caligrafía exquisita. Se dice que envió a Go-Shirakawa cinco sutras budistas como ofrenda de paz, pero el actual emperador, pensando que era otra maldición como la que acabó con la vida del joven Konoe, hizo que los devolvieran hechos jirones.

La venganza del fantasma

La transformación de Sutoku en onryō luchando contra la princesa Shiranui. Obra de Utagawa Yoshitsuya pintada en 1865.

Lo que viene a partir de ahora es la leyenda que envuelve al fantasma vengativo de Sutoku, fruto de una vida apartado del trono aunque era su derecho legitimo, desterrado de su hogar e insultado por su hermano, emperador del país. Su alma eterna maldijo a toda la estirpe imperial y juró atormentarles, garabateando maldiciones con su propia sangre en diversos pergaminos.

Sutoku dejó el reino de los vivos en el año 1164, con 45 años. Su cuerpo no se descompuso en las tres semanas que tardaron en quemarlo y tras ello, la capital fue golpeada por varios incendios, tormentas y hambrunas. El hijo de Go-Shirakawa, el 78º emperador Nijō murió de una enfermedad repentina en 1165 y la corte imperial estaba en la ruina. Además de todo esto, los clanes Taira y Minamoto (que habían luchado en la rebelión Hōgen) comenzaron a ser hostiles y surgieron insurrecciones, llevando a las guerras Genpei y al hundimiento total de la corte imperial.

Los eruditos de la época culparon al Onryō (espíritu vengativo) de Sutoku. El miedo que la población tenia a un espectro tan poderoso no se olvidó con el paso de los siglos y en 1868, cuando comenzó la era Meiji, el emperador ordenó construir un santuario en honor a Sutoku, que sería venerado como un Kami. Este es el santuario de Shiramine, en Kioto.

Sutoku en la actualidad

Santuario de Shiramine, Kioto. Fotografía de nnh.

¿El peligro acaba cuando se levanta un santuario a un yurei? No necesariamente, pues el último ataque de Sutoku fue en 2012. Ese año se estrenó en televisión el drama “Taira no Kiyomori“, que abarca la historia de Japón del siglo XII. El capítulo donde el actor que interpretaba a Sutoku se transformaba en un Onryō, un terremoto afectó a toda la región de Kanto.

Desde el periodo Edo se ha conocido al emperador Sutoku como una de las tres fuerzas sobrenaturales más poderosas, haciendo compañía a Shuten Doji, el bebedor líder de los demonios oni y Tamamo-no-mae, que fue cortesana del emperador Konoe que también fue juzgada por empeorar la salud del emperador y que se pensaba que podía ser un kitsune de nueve colas. Son conocidos como los tres yokai más malvados de Japón.

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