Jigoku, guía turística del infierno budista

Si algo deja claro el Bushido, el código ético del samurái, es que la muerte es el camino inevitable. Un buen samurái que haya dado su joven vida en batalla, alcanzado la vejez con rectitud y sabiduría o arrebatado a sí mismo en el ritual del seppuku para reestablecer su honor acabará en el Pabellón de Jade Blanco. Ahora, ¿y si has llevado una vida sin honor? Tu alma inmortal tiene un destino distinto.

Los nombres más usados para este inframundo son Diyu en China y Naraka según la terminología budista india, pero la traducción japonesa correcta es Jigoku. A diferencia del infierno judeocristiano, aquí no se permanece toda la eternidad, pero si periodos absurdos de tiempo (trillones de años a veces), por lo que se asemeja más a un purgatorio. El Jigoku se describe en escritos desde el siglo XII, al final del periodo Heian. Los museos naciones de Tokio y Nara tienen copias expuestas de ellos.

Mezu abriendo las puertas del infierno. Autor desconocido.

¡Bienvenido al infierno, pecador!

Si no hay nada que te ate al reino de los vivos como fantasma, tu alma despertará a orillas del río Sanzu. Lo primero que verás seguramente es un montón de niños pequeños acumulando piedras para hacer una torre con ellas. Estas son las almas que sufrieron una muerte prematura y su vida no fue suficientemente larga para juzgarles en el infierno, pero tampoco se han ganado la entrada al paraíso pues se considera que morir antes que tus padres en un pecado.

Levantan estas torres motivados a que si las hacen suficientemente altas, podrán escalar por ellas y huir de este funesto destino. Sin embargo, hay Onis que vigilan a estos pequeños y se divierten tirando las torres de piedra. La única esperanza real de estos niños es esperar a ser rescatados por Jizō, un Bodhisattva consagrado a salvar almas del Jigoku.

La bruja del infierno

Datsue-ba juzgando a los recién llegados junto a los niños pequeños. Autor desconocido.

En esta orilla del río Sanzu, conocerás a Datsue-ba, una anciana que atiende a los recién llegados junto a un enorme árbol sin vida, pero lleno de ropajes que cuelgan de sus ramas. Datsue-ba te quitará toda la ropa y se la dará a Keneō, un demonio anciano que colgará tus prendas de las ramas del árbol para ver el peso de tus pecados. Puede que hayas tenido la idea de acudir delante de la anciana completamente desnudo o desnuda, para saltarte este tramite. Caso error, Datsue-ba te arrancará la piel para pesarla (y pesará más ahora que el exhibicionismo se añade a tu lista de pecados).

Cruzar el río Sanzu

Si eres una persona correcta y tus pecados brillan por su ausencia, cruzarás el río Sanzu por un puente al paraíso, disfruta de la eternidad que te ha otorgado la iluminación. ¿No has tenido esa suerte? Una vida poco apartada del camino correcto podrá subirse a un barco que cruza a las almas a la otra orilla (similar a Caronte en el inframundo occidental) y si eres un caso perdido, prepárate para nadar en aguas gélidas y entre criaturas horrorosas. Depende de lo pérfido que hayas sido, tendrás más distancia que nadar.

Las puertas del Jigoku

Es absurdo creer que alguien vivo quiera entrar voluntariamente al infierno por voluntad propia, pero puede que muchos deseen escapar. Por ello, las puertas del infierno son custodiadas por dos demonios gigantes; Gozu (el cabeza de Toro) y Mezu (el cabeza de caballo). Armados con hachas descomunales, siempre trabajan en equipo y no hay constancia de absolutamente nadie que haya huido lejos de los dos guardianes.

El juicio de tu alma

Estatua de Enma en el templo Saimyō-ji. Fotografia de Dustindye.

¿Te has planteado quien fue la primera persona que vivió y murió? Estas a punto de conocerlo presidiendo la corte de los muertos. Al llegar a la otra orilla, varios jueces menores te entrevistarán y te conducirán ante el señor Enma, rey del inframundo. Pedirá que le cuentes todos los pecados que has cometido en vida.

¿Te estás planteando omitir alguna de tus malas acciones? ¿No tuviste suficiente con desnudarte delante de una anciana? Enma posee el libro del pecado y tiene apuntado todo lo que has hecho para estar en su presencia. Miéntele y tu lengua será arrancada con un par de tenazas. Ahora te juzgará sabiamente y te enviará a uno de los ocho infiernos budistas.

Los ocho infiernos

Ilustración de Jigoku (1822)

Al igual que el infierno que Dante visitó y describió en la divina comedia, el infierno budista también se separa en niveles. La burocracia infernal es eficaz, ¿verdad? Aquí describimos alguno de tus posibles destinos para que te puedas mentalizar mejor:

Tōkatsu Jigoku: El nivel más superficial, reservado a aquellos que no han arrebatado una sola vida y no se han arrepentido de ello. ¿Recuerdas aquel mosquito que te molestaba y que acabaste estampando contra la pared? Olvídate de este nivel. Los que aquí residen no solo son atacados por aquello a lo que asesinaron, además hay onis cuyos puños están cubiertos de garras de hierro que despedazarán tu cuerpo. Cuando acaben el trabajo, resucitarás y revivirás esta agonía durante muchos años.

Kokujō Jigoku: El hogar de ladrones y asesinos. Los oni del nivel son juguetones y te harán caminar sobre una cuerda floja cargando hierro abrasador. Si te caes, abajo te espera una gran olla con aceite hirviendo. También puede ser que corten tu cuerpo a pedazos con esas mismas cuerdas.

Shugō Jigoku: El nivel de los degenerados que han tenido relaciones con otras personas a pesar de su cónyuge. Serás tentado a reunirte con tu persona más querida que te espera en la copa de un arbol. En vez de hojas tiene cuchillas afiladas como navajas. Si te niegas a subir, los oni te animarán con sus cuchillas gigantes o te aplastarán entre montañas de hierro.

Kyōkan Jigoku: Los alcohólicos también tienen un nivel para ellos. Beber hierro fundido o bañarte en él es el pan de cada día. Se dice que este es el infierno donde los gritos agónicos son los que más se oyen.

Daikyōkan Jigoku: El nivel de los mentirosos y hedonistas. Tu lengua será arrancada infinitas veces mientras tus uñas se clavaran en tus músculos.

Shōnetsu Jigoku: Blasmefos que se rebelaron ante el pensamiento budista. Ser asado en una gran parrilla con otros de tu calaña o directamente empalado a través de tus nalgas hasta la boca es el castigo común.

Daishōnetsu Jigoku: El penúltimo nivel pertenece a los violadores o agredir a alguien del clero budista. Siendo perforado por tridentes, el dolor alcanzado aqui es 10 veces superior a los niveles anteriores.

Mugen Jigoku: El nivel más bajo del Jigoku. La zona VIP reservada a todo aquel que ha matado a sus padres o a personas santas. No hay ningún vivo que sepa lo que pasa en ese nivel pero tal es la agonía de este nivel que los condenados se matan entre ellos para intentar acabar con la tortura. Se dice que quien ha intentado entender este nivel del Jigoku ha muerto presa del terror más absoluto.

Los 16 infiernos menores: Son mencionados en el rollo del infierno guardado en Nara 16 castigos menores orientados a las personas que aunque no hicieron ningún mal directo, no fueron moralmente correctos en vida. Los prejuicios y la ignorancia son el veneno que puede traerte aquí. Los niveles son; La nube de arena negra, excrementos, las cinco puntas, el hambre, la sed, la pus, el caldero de bronce, muchos calderos de bronce, el mortero de hierro, las medidas, el gallo en llamas, el rio de cenizas, hojas de espada, zorros y lobos y por último, congelación.

Oni: los ayudantes del infierno

Arte de Jiang Yi-Zi

En oni no es un yokai, es más un ente a parte. Estos seres se asemejan a los demonios o los ogros de occidente, son criaturas grandes, musculosas y de piel azul, verde, negra o rojiza, vestidos con taparrabos de piel de tigre y armados con porras de hierro cubiertas de espinas llamadas kanabō. Son una de las figuras más reconocibles del folclore japones.

Las garras, los cuernos y los colmillos son típicos en todos los oni, pero algunos de ellos son más deformes pudiendo tener tres ojos o cuatro brazos. Aunque tengan este aspecto aterrador y hagan el trabajo sucio en el Jigoku, los Oni no son vistos como seres malévolos en la sociedad japonesa.

El artista Seinen Toriyama incluyó al Oni en su desfile nocturno de los 100 demonios ilustrado a medianos del periodo Edo. Su figura se utilizó también para ridiculizar ciertos grupos étnicos que poblaron Japón o para representar a los extranjeros que expulsaron hace años.

¿Cuánto durará tu estancia?

Hay tribunales que son la única forma de escapar de aquí y cada circulo tiene a un juez delegado por Enma. A más pecados se cometan o menos arrepentimiento haya, más profundo se cae al Jigoku. Puede que tu familia viva pida misericordia por tu alma, en cuyo caso soportarás 100 días en el infierno hasta que se te haga tu primer juicio. En caso de fallarlo, hay oportunidades nuevas al primer año tras tu muerte, al segundo, al sexto, al duodécimo y por ultimo a los 32 años de tu muerte.

El infierno budista en los medios

Si quieres echar un vistazo al Jigoku antes de acudir en persona, hay numerosas películas que han representado este espacio como la obra maestra Jigoku de 1960 y dirigida por Nakagawa Nobuo o Jigoku de 1999 de Teuro Ishii. También es el tema principal en series manga o anime como Hōzuki no Reitetsu y Jigoku Shōjo. Por supuesto, numerosos videojuegos nipones tienen niveles ambientados en el Jigoku.

Representación de la orilla del río Sanzu en el videojuego Nioh. Pueden verse las torres de piedras que montan los niños y el árbol de Datsue-ba. Derechos del juego de Team Ninja y Koei Tecmo (2017).

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