Tanegashima, el arcabuz japonés

Si bien a la figura del samurái en combate se le ve casi siempre armado con una katana, en verdad esa espada curvada tan característica no era la única arma disponible en el Japón feudal. Junto con los arcos o las lanzas yari y naginata, en un momento de la historia se añadieron a la lista las armas de fuego y lo que comenzó siendo una introducción calmada en el país, acabó cambiando la historia de los samuráis cuando entendieron su letalidad en el campo de batalla.

La pólvora no era algo nuevo. Fue invención China cerca del siglo IX mientras buscaban una formula para crear la inmortalidad y los europeos no se toparon con ella hasta el siglo XII. No sería hasta medios del siglo XVI cuando los nipones tendrían en sus manos los primeros mosquetes e irónicamente no vendrían de China, su país vecino, sino de la otra punta del mundo (literalmente).

La llegada de las armas de fuego a Japón

Llegada de los bárbaros del sur, obra de Kanō Naizen pintada cerca del año 1600. Representa a comerciantes y misioneros jesuitas saliendo de una carraca negra. Obra expuesta en el museo de Kobe.

Cristóbal Colón y su descubrimiento del nuevo mundo fue el “pistoletazo” de salida de la “era de la navegación”. Potencias europeas comenzaron a explorar los mares y océanos buscando rutas de comercio y nuevas civilizaciones por todo el globo terráqueo. En el año 1522 la expedición de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano dieron la primera vuelta al mundo (hazaña que tardó 3 años en completarse), pero esa ruta no pasó por Japón sino por el sur, por las islas Marianas y Filipinas.

El primer contacto que tuvieron los europeos con Japón fue en el año 1543, cuando dos comerciantes portugueses a bordo de un junco chino desembarcaron en una pequeña isla de Kyushu llamada Tanegashima. Fue sin duda uno de los choques culturales más dispares de la historia, al no ser capaces de entender la escritura o de comer con palillos. Los nipones, fascinados por esos hombres de vestimenta tan rara les llamaron Nanbanjin (Barbaros del sur).

Los comerciantes occidentales repartieron a los nipones 3 arcabuces, dos de ellos al señor de la isla; Tanegahsima Tokitada que quedó fascinado al ver como uno de esos barbaros abatía a un pato a distancia, mientras que un sacerdote local compró el tercero. Tokitada encargó a un maestro de espadas que hiciera copias de esa arma, algo muy complicado para alguien que no había visto un mecanismo de ignición en su vida. Los primeros intentos fueron infructuosos hasta que un par de años después, un maestro armero portugués llegó a la isla.

Gracias a que aquella región es rica en metales se acabó consiguiendo crear un arma de fuego japonesa, llamada genéricamente como Teppo. Esta se expandió por la región y comenzó a producirse no solo en Tanegashima, sino en otras ciudades como Sakai o Negoro. Su valor fue reconocido por todos los daimios de la zona y eso impulsó el comercio Nanban, al cual le siguió la llegada del misionero Francisco Xavier en 1549, introduciendo el cristianismo en Japón (aunque eso es otra historia).

El Tanegashima; descripción y uso

Arcabuz tanegashima expuesto en el templo de Ako. Fotografia de PHGCOM.

Los arcabuces y los mosquetes son armas de avancarga (se cargan por el cañón), de poco alcance pero gran potencia, o al menos la suficiente para poder atravesar una armadura. Ese fue el motivo por el que Europa dejó a un lado los arcos y las ballestas, a favor de las armas de fuego cuando tuvieron la oportunidad.

Los japoneses alargaron ligeramente el diseño europeo con armas que alcanzaban los 120 centímetros de largo (a diferencia de los 90cm portugueses). Al principio eran armas caras y solo los señores feudales podían pedir su fabricación, prefiriendo armas mas precisas que potentes, ya que al contrario que Europa, las armaduras japonesas no eran metálicas y no se necesitaba mucha potencia de fuego para atravesarlas.

Disparar un arma de fuego en aquella época requería tiempo. Se introducía la pólvora en el cañón, se añadía la bala y se empujaba dentro del cañón todo lo posible. Luego se añadía pólvora en la cazoleta y se prendía la mecha. Un arcabucero no solo tenia que cargar el arma, además portaba recipientes de pólvora, carrete de mecha y una bolsa de balas de plomo.

Un mosquete estriado era capaz de disparar a un kilometro de distancia, mucha más distancia de la que un arquero podría conseguir, aunque el alcance significativo de las armas de fuego era de unos 100 metros y la precisión se perdía a partir de los 50, mientras que un arco usado con maestría podía ser más eficaz.

La expansión de las armas de fuego

Ilustración de un grupo de infantería apuntando con Teppo. Obra de Utagawa Kuniyoshi pintada en 1855.

Ashigaka Yoshiteru en nombre del shogunato exigió que mandaran a Kioto (la capital de la época) a un fabricante de armas en el año 1553. Japón utilizaba una alta proporción de nitrato potásico para fabricar la pólvora de las armas, proporción hallada bajo prueba y error, causando que el hijo de un daimio casi perdiera el pulgar tras explotar su mosquete. Japón tampoco era rica en salitre y tenia que importarse desde China u otros países.

Con el tiempo el arcabuz dejo de ser conocido como Tanegashima para ser llamado Teppo o Hinawaju. Su uso era esporádico en las numerosas batallas que había en el país, normalmente tras las murallas en el mismo sitio que ocuparían los arqueros para defender un castillo. Tener o no armas de fuego no suponía una ventaja sustancial.

Oda Nobunaga, daimio de la provincia de Owari que tenia como meta unificar Japón bajo su mando, fue posiblemente el primer hombre en ver el potencial de las armas de fuego; no hacían falta años de entrenamiento para usarlos, al contrario que un arco que requería un entrenamiento que no muchos ejércitos se podían permitir, por falta de hombres o de tiempo.

Darle a un ashigaru (soldado raso) un Teppo y mandarlo al campo de batalla tras unos días de practica le hacia igual de letal que un arquero dedicado al arte del tiro con flecha desde hace años. Aun tenia la desventaja de que si se fallaba el tiro, el tirador quedaba expuesto hasta poder recargar el arma, algo que podía llevarle más de un minuto.

La batalla de Nagashino

Detalle de la batalla de Nagashino que muestra a los arcabuceros Oda contra los jinetes Takeda.

Nobunaga (junto con su aliado Tokugawa Ieyasu) tuvo la oportunidad de probar nuevas estrategias en la batalla de Nagashino, que tuvo lugar el 28 de junio de 1755 en la provincia de Mikawa. Se enfrentaban a Takeda Katsuyori, hijo del archiconocido Takeda Shingen que había fallecido dos años antes demostrando que el clan Takeda era un firme competidor en la carrera de unificar Japón.

Los Takeda también eran conocidos por su caballería que podía penetrar cualquier ejercito y hacerlo retroceder, pero Nobunaga puso en practica una estrategia inaudita. Tras varias barricadas de madera pensadas para frenar la caballería y protegerse de los arqueros enemigos, Nobunaga colocó varios arcabuceros en fila de forma que cuando uno disparaba, dejaba pasar a otro mientras recargaba el arma, otorgando disparos continuos.

Fueron varios factores los que dieron la ventaja al clan Oda, como que Katsuyori se confió al pensar que la lluvia habría hecho inservible la pólvora del enemigo o que Nobunaga colocó unos tres arcabuceros por cada caballo enemigo, creando una muralla casi impenetrable. Además, estos tenían orden de disparar cuando el enemigo estuviera a apenas 50 metros, para no fallar tiros o desperdiciar munición.

Esta batalla no solo fue el inicio de la popularidad de las armas de fuego en Japón, sino que está considerada como la primera batalla moderna de la historia de los samuráis. Para la última década del siglo XVI, cuatro de cada cinco combatientes a distancia equipaba un Teppo en lugar de un arco.

Los ejércitos comenzaron a usarlas y fabricarlas en masa y para la invasión de Corea en 1592 y más de 150.000 arcabuceros (casi un cuarto del ejercito japonés) ayudó a capturar Seul en menos de tres semanas tras desembarcar en las costas coreanas.

El fin de la era de la pólvora

Tras la batalla de Sekigahara (1600), Japón se unificó bajo del shogunato Tokugawa, dando al archipiélago más de dos siglos de relativa paz, aunque manteniendo un sistema feudal y prohibiendo la entrada a los extranjeros. Ya no había grandes guerras y por ello el uso del Teppo comenzó a reducirse considerablemente.

Los samuráis de esa era mantenían sus katanas al ser mas practicas y menos pesadas y los arcabuces se usaban apenas para ahuyentar animales de las cosechas. Todavía existían armeros que fabricaban este tipo de armas así que no llegaron a desaparecer, pero desde luego toda la popularidad que tuvieron en el periodo Sengoku desapareció.

Otras armas de fuego: Ōzutsu, el cañón de mano

Hombre con un Ōdzutsu, obra de Kuniyoshi.

Los cañones han sido utilizados para asediar ciudades, hundir flotas y destrozar ejércitos enteros. Son grandes y aparatosos pero muy efectivos en su función. Japón tuvo su versión, pero en formato portátil; el Ozutsu.

El Ozutsu era un cañón de mano que funcionaba como un mosquete de gran calibre, capaz de disparar proyectiles incendiarios, que causaban grandes daños en las torres de madera de los castillos. También se podían poner en un pequeño trípode para lanzar munición de más calibre si era necesario.

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