Nekomata, los gatos en la mitología japonesa

Los gatos son un fenómeno a nivel mundial desde que Internet comenzó a ser usado para compartir vídeos de gatos tropezando, peleándose o metiéndose en sitios donde físicamente parecían no caber. Pero ademas de ser iconos de lo kawaii también son unas de las mascotas más queridas del país. Se afirma que un 10% de la población tiene un gato como mascota (en competencia directa con el 11,5% que poseen un perro y el 5,5% que tienen peces).

Vendedor de Maneki-nekos en el periodo Edo de Utagawa Hiroshige (1852)

Pero estos animales no solo tienen gran exito ahora, los gatos son portadores de buena fortuna como indica el “maneki-neko” una figura de un bobtail japonés, que con la pata levantada y depende del color que sea, atrae distintos tipos de suerte. Esta leyenda nace del siglo XVII, cuando un gato salvó a un monje de ser alcanzado por un rayo.

Pero en esa época e incluso antes había otras supersticiones bien conocidas por la población. Desde el periodo Heian se habla de gatos enormes que bajaban de las montañas a Kioto a devorar humanos (motivado por una cazería donde Miyamoto no Yoritomo desterró al gato del monte Fuji, cuando este era un Kami que defendía la montaña sagrada). Otras leyendas afirman que cuando un gato llegaba a la edad de 40 años, su cola se bifurcaba en dos. Aquí es donde comienza la fabula del Nekomata.

Nekomata, el gato yokai

Nekomata ilustrado por Toriyama Sekien (1776)

Seguramente hayas visto alguna película de terror japonesa u oído alguna historia. La mayoría de estas historias son protagonizadas por Yurei, fantasmas (normalmente mujeres vestidas de blanco y con el cabello largo y negro) vengativos que vuelven a la vida debido a haber sufrido una muerte cruel, violenta o injusta. Pues los humanos no somos los únicos con esa habilidad.

Los gatos maltratados en vida o asesinados por hombre también tienen la capacidad de volver como espectros, llamados “Bakeneko (Gatos monstruo)” o “Nekomata”. A menudo se les ve por la noche caminando sobre sus dos patas traseras y hablando en lenguaje humano con sus congéneres. Se especula a su vez que son capaces de adoptar otras formas, como los tanukis (mapaches) y los kitsune (zorros) o crecer de tamaño.

Una de sus habilidades más temida es sin duda poder resucitar y controlar a los muertos (similar al vudú), motivo por el cual los ahuyentaban de los funerales. Hay escritos que afirman que pueden devorar a varios humanos vivos en una sola noche de caza, aunque también pueden beberse el aceite de las lamparas, pues es una forma simple de alimentarse sin tener que cazar. La única forma de no atraer a un nekomata es no portarse mal con los gatos, ni a otros animales.

¿Es mi gato un nekomata?

Puede que tengas un gato en casa como mascota y ahora tengas paranoia. Seguro que se está haciendo el dormido, o mirándote leer este articulo. En Japón es una tradición cuando se acoge a un gato decirle que cuidaremos de el durante 3 años. Tras ese plazo, el gato puede decidir seguir contigo o irse a callejear.

El rasgo más característico del nekomata es tener una cola bifurcada. Si eso no es suficiente para convencerte, déjale un cuenco de sake en una habitación y espialo. Si se levanta sobre sus dos patas y se pone a cantar en tu idioma y a bailar, muy probablemente convivas con un nekomata.

Un grupo de Nekomatas festejando. Grabado en madera de Utagawa Kunisada I (1847)

Mito y realidad

Irónicamente, los gatos no habitaban la isla principal de Japón antaño, solo islas como Tsushima o Iriomotejima. Las leyendas probablemente llegaron de China e India, donde había tigres que si que eran cazadores de hombres. Cuando el gato conquistó Japón, sus leyendas le acompañaron.

Desde el periodo Heian son considerados mascotas, viviendo en casas de samuráis y de comerciantes. Se decía que si su cola era muy larga, podría bifurcarse por lo que se las cortaban para evitar el nacimiento del yokai, por ello incluso en la actualidad los gatos nipones tienen colas cortas.

¿Recuerdas que bebían aceite de las lamparas? Imagina ver tras una puerta de papel la enorme sombra de un felino sobre sus dos patas bebiendo aceite. Esa aterradora imagen fue común en la historia de Japón.

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